
Hay ciertos días en que las arrugas de mi cara que algún día fueron nacientes y antes inexistentes, se ven relumbrantes como gritando dentro de sí que desean madurar. Quisiera esconderlas pero debo entender que simplemente es una advertencia irrevocable de que el tiempo no se detiene.
Hay días donde compruebo lo anterior al narrar la jugada de algún jovencito que lleva por nombre y apellido el mismo de su padre. Y lo constato cuando a ese padre, lo vi jugar.
Por ejemplo cuando ingresa a la cancha Juanito Hernández, hijo del dinámico J.J. Hernández de aquel América ochenteno. O bien cuando narro en alguna transmisión al hijo de “Chicharito” Hernández o al hijo de Luis Francisco García.
Este fin de semana también la vida me otorgó otra buena lección cuando apareció Luis Américo Scatolaro en el banquillo de San Luis dando sus primeros gritos como técnico de primera división. Debo confesar que el argentino fue ídolo de mi infancia. Aquellas tardes de dos o tres goles con Irapuato y Necaxa quedaron atrás. Hoy dirige con un rostro inundado de ilusiones y algunas arrugas; arrugas que no recuerdo haberle visto por allá de 1989. Sin duda, los años también para avanzaron para él.
Me comienza a gustar lo retro, hace no mucho compré “remeras”, como le llaman en Argentina a los jerseys, de Boca y River aún con tela de franela y lejos de la tecnología dry – fit como las camisetas actuales.
Me pego al televisor cuando de pronto aparece alguna vieja imagen de futbol llena de jugadores con shorts tan pequeños que ya envidiarían a estas alturas sex simbols de antaño como Biby Gaytán o Thalía.
Comienza a ser parte de mi rutina diaria, sintonizar canales de videos clásicos con imágenes borrosas y mal editadas. Critico videos y canciones actuales que me parecen insulsas, monótonas y huecas.
Afortunadamente el futbol nos enseña mucho más que noventa minutos de pasión. Nos permite saber que el gusto se hereda y se transmite por generaciones. Yo vi jugar a Omar Arellano padre, hoy auxiliar de Aguirre y ahora veo a su hijo con las Chivas. Habrá quienes tuvieron la posibilidad de deleitarse hasta con el abuelo de Omarcito y eso, como dicen las leyendas crediticias, no tiene precio.
No es tan malo o mejor dicho, nada de malo tiene que el tiempo transcurra. Siempre que exista un balón de por medio, habrá historias que contar, juegos que narrar y goles que gritar.
Total, si alguno de estos días sigo pensando en lo retro, en videos ochentenos, y en los ahora entrenadores que observé de jugadores como Herrera, Guzmán, Franco, Galindo y Cruz, seguramente llamaré a mi padre para no sentirme viejo.
Le preguntaré sobre el resto de los técnicos como Eugi, Lapuente, Tena, y Meza que él, por supuesto vio jugar.
Con algo que me cuente de ellos, sonreiré y así, mis y sus arrugas, también.
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